jueves, 20 de mayo de 2010


Robados en París cinco cuadros valorados en 100 millones de euros

Entre las obras robadas la pasada noche en el Museo de Arte Moderno de París se encuentran obras de Picasso, Matisse y Modigliani

ANTONIO JIMÉNEZ BARCA - París - 20/05/2010

La noche del miércoles al jueves, cinco cuadros fueron robados en el Museo de Arte Moderno de la Ciudad de París. Según informa Le Figaro , las obras hurtadas son: Le pigeon aux petits pois de Pablo Picasso, La pastorale de Henri Matisse, L'olivier près de l'Estaque de Georges Braque, La femme à l'éventail d'Amédéo Modigliani, y Nature morte aux chandeliers de Fernand Léger. El museo, que había valorado en principio las cinco obras en 500 millones de euros, ha bajado su estimación a unos 100 millones.

Todavía se desconocen los detalles del operativo que llevó al robo. El museo está situado a unos 200 metros de al Torre Eiffel, junto al río Sena, y muy cerca del puente Puente de l'Alma. Los cacos accedieron al edificio por la parte de atrás, adonde se puede llegar sin problemas hasta unos grandes ventanales, casi a ras de suelo, y desde los que se accede directamente a las salas. Una vez allí, rompieron los cristales y reventaron el candado de las verjas de protección. Lo que aún no se ha dado a conocer es si la alarma falló o fue desactivada por los asaltantes.

Esta mañana, agentes de la Policía Científica y de la Brigada Criminal intentaban localizar pistas que pudieran haber dejado los ladrones en las instalaciones o en el exterior. El robo ha sido descubierto a las siete de la mañana cuando han llegado los primeros trabajadores. El Museo hará público un comunicado de prensa.

El Museode Arte Moderno de la ciudad de París fue inaugurado en 1961 y en él se exponen colecciones que ilustran direrentes corrientes del arte del siglo XX. Con más de 8.000 obras en sus salas, tiene entre sus piezas más conocidas La Danse, de Matisse; Le Nudanslebain y Le Jardin, de Bonnard; L'équipe de Cardiff,de Robert Delaunay, La Rivière, de Derain, o Les Disques, de Léger.

El alcalde de París, Bernard Delanoë, ha manifestado en un comunicado su "consternación" por la noticia. "Estoy especialmente triste y me resulta chocante este robo que supone un ataque intolerable al patrimonio cultural universal de París", señaló, a la vez que prometió que se pondrán en marcha "todos los medios (...) para encontrar estas obras maestras", informa desde París Ana Teruel.

Un largo historial de robos

La abundante obra de Picasso expuesta en los museos de la capital francesa ha sido objeto de diferentes robos a lo largo de los últimos años.

En junio del año pasado se produjo otro robo en un museo de París. Un ladrón -o un grupo de ladrones- accedió al Museo Picasso, en el centro de la ciudad y sin dejar marcas ni romper nada se apropió de una carpeta con 33 dibujos firmados por el artista. El valor de lo sustraído en aquella ocasión fue mucho menor: en principio las obras se valoraron en ocho millones de euros que la ministra de Cultura francesa, Christine Albanel, rebajó luego a unos tres millones. Albanel explicó entonces que los dibujos eran más bien un "croquis" con "más valor científico que de mercado".

En febrero de 2007, los ladrones sustrajeron de la casa parisiense de Diana Widmaier-Picasso, nieta del creador del cubismo, dos de sus obras valoradas en unos 50 millones de euros. Mayaà la poupée (1938) y Portrait de Jacqueline (1961) fueron recuperados por la policía medio año más tarde. Marina Picasso, otra de las nietas del pintor, sufrió el robo de una quincena de cuadros en su casa de Cannes, el 5 de noviembre de 1989, aunque aparecieron cuatro días después. En enero de 2004, una naturaleza muerta de Picasso fue sustraída del museo Georges Pompidou de París, y tres meses más tarde encontrada, informa Efe.

Pero el robo más importante en Francia se remonta a 1976, cuando fueron sustraídas 118 obras de Picasso del Museo de Aviñón. Otros robos de obras de Picasso se han sucedido en Zúrich, donde en 1994 desaparecieron casi veinte telas en una galería de arte, y Londres, donde en 1997 un hombre se llevó la escultura Tète de Femme, que fue recuperada. En Río de Janeiro sellevaron en 2006 El retrato de Suzanne Bloch y en Sao Paulo fueron sustraídos en diciembre de 2007 y junio de 2008 tres grabados del genio malagueño que finalmente recuperó la policía brasileña.

viernes, 7 de mayo de 2010

EL BOOM DE LOS NARCOLIBROS


Bajo el 'boom' de los 'narcolibros'
Cinco autores debaten en el Festival de la Palabra sobre escribir contra la violencia









De izquierda a derecha, Leonardo Padura, Pedro Cabiya, Mario Mendoza, Paco Ignacio Taibo II y Élmer Mendoza, en el Festival de la Palabra de San Juan de Puerto Rico.

Lo que para los autores del boom representaron el paraguayo José Gaspar Rodríguez de Francia, el dominicano Rafael Leónidas Trujillo, el guatemalteco Estrada Cabrera o el chileno Augusto Pinochet lo representan hoy para sus herederos los jefes de las bandas mafiosas de Medellín o Ciudad Juárez. Los capos del narcotráfico han sustituido a los dictadores en la literatura latinoamericana. Los jeeps militares han dado paso a una flota de aparatosos cuatro por cuatro con cristales ahumados y la violencia ha dejado de moverse en sentido vertical para colonizar horizontalmente la sociedad entera.

* En la ciudad fortificada

Los capos sustituyen a los dictadores en la literatura latinoamericana

Cuando el mexicano Élmer Mendoza, un hombre al que según su compatriota Paco Ignacio Taibo II los traficantes respetan "porque quieren salir en sus novelas", habla de los 22 asesinatos diarios de su país, con 100 millones de habitantes, el puertorriqueño Pedro Cabiya saca una cifra similar para el suyo, con sólo cuatro millones. "¡No puede ser!", tercia asombrado el cubano Leonardo Padura. "Puerto Rico se va a quedar vacío".

¿Cómo se traduce en letra toda esa sangre? ¿Cómo contar la violencia? Esa es la pregunta que ocupa varias de las sesiones del Festival de la Palabra, el encuentro que hasta el domingo se celebra en San Juan de Puerto Rico. La respuesta, a la vista de la edad de oro editorial que vive el género, es esta: con las herramientas del género policiaco. Taibo II, director de la Semana Negra de Gijón, lo explica así mientras se mueve hiperactivo por la sede del festival: "La corrupción es un iceberg y tanto el periodismo como las ciencias sociales tienen muy difícil contar la parte sumergida. Muchas veces se conforman con contar la parte visible, o sea, el 10%. La novela negra cuenta el iceberg completo". El español José Ovejero, que estos días ultima un libro sobre escritores delincuentes, confirma que la novela negra es además, junto con la autobiografía, el formato preferido por los narradores -no es el caso, que se sepa, de los invitados a Puerto Rico- que pasan por la cárcel: la ficción sirve para vender libros; la no ficción, para vender la idea de que la sociedad también es culpable.

"Si hablamos de violencia hablamos de narco", dice Cabiya mientras Élmer Mendoza apunta que se trata del segundo negocio más importante del mundo después del tráfico de armas: "No es algo exótico sino la realidad cotidiana". Y en pocos sitios es así como en Colombia, añade otro Mendoza, Mario. El narrador bogotano, autor de Satanás, una novela adaptada el cine por Andi Baiz, y que acaba de publicar en su país el ensayo La locura de nuestro tiempo (Seix Barral), recuerda que en Colombia la violencia es "del establecimiento", es decir, estructural. "El propio narcotráfico tiene un diseño perfecto para permear toda la sociedad", reflexiona. Y explica que el llamado proceso 8.000, que en 1995 implicó al presidente Ernesto Samper, acusado de recibir dinero del narco para su campaña, destapó una red cuyo hilos habían sido tejidos por traficantes, ministros, futbolistas, periodistas y reinas de la belleza. "La violencia ya no es vertical, ahora es un rizoma". ¿Y qué hace un escritor con todo eso? "Equilibrios", responde Mendoza. "No hay buenos ni malos. Si eres maniqueo cometes un error. Si creas héroes, también. Todos son malos", dice. Y al instante, añade: "Pero no use como titular, por favor, 'En Colombia todos son malos'. Luego tengo problemas con ese nacionalismo ofendido que gasta dinero en publicidad para dar buena imagen del país".

"La modernidad de una ciudad se mide por las balas que truenas en sus calles", se lee en el arranque de Balas de plata (Tusquets), de Élmer Mendoza. El escritor mexicano dice que esa línea es un truco para atrapar al lector -y en Europa atrapó a muchos- pero no desmiente lo que tiene de radiografía social. A medio camino, literalmente, entre México y Colombia, en Nicaragua, situó Sergio Ramírez su última novela, El cielo llora por mí (Alfaguara), una historia de ex combatientes antisomocistas que terminan trabajando en el departamento de estupefacientes de la policía. Generacionalmente con un pie en el boom y otro en sus consecuencias, Ramírez es, como su país, el puente perfecto entre la literatura que se ocupó de la violencia política y la que se ocupa ahora de la violencia sin adjetivos. Para él además los escritores siguen respondiendo al mismo resorte: "La historia pública irrumpe en la historia privada y la destroza". Sea pasto de las enciclopedias o de las páginas de sucesos.

L'ESTACA PER NABIL ALMANZOR I MIQUEL GIL

RAFA XAMBÓ